Queridas camelias, flores de invierno que caen sobre las hojas secas.

Hoy por primera vez, en cinco años, fui a una librería de viejo en Tsukuba. Quizá porque no sabía que había una librería de viejo aquí, quizá por acostumbrarme a comprar libros usados en Tokio o en Internet, pero también porque todavía me cohibía al entrar a un espacio con muchos libros siendo incapaz de leer siquiera sus títulos. Este invierno encontré una librería y al entrar me encontré con que había muchos libros de poesía clásica. Encontré el Manyoshū y el Kokinwakashū a muy buen precio. Ahora ya no siento que chapoteo al abrir las páginas, sino que puedo leer lentamente entre los kanji.

De regreso pensaba: ¿qué significa poder leer en cualquier idioma? Entre muchas cosas posibles, significa poder escuchar las voces de los que han muerto y las voces de los más antiguos. ¿Y para qué nos sirve esto, Yaxkin? Me preguntaba. ¿Para escuchar en qué pensaban los más antiguos?⸻ pues…más que eso, leer nos sirve para escuchar lo que puede un corazón, el propio. Los antiguos nos enseñan eso, qué puede sentir, amar, escuchar, comprender y entregar un corazón que está vivo en el siglo XXI. Para eso sirve leer, porque realmente no sabemos de todo lo que puede un corazón, pero Dios nos ha dado palabras para hablar unos con otros y conocer juntos las honduras y anchuras que se despliegan y olvidan, los pálpitos que mueren una vez, pero renacen cruzando el tiempo. ¿Qué puede el corazón? ¿Acaso no sería una buena pregunta para aprender a vivir, para disfrutar la vida, para llenar la existencia con algún propósito íntimo que crezca como una tierna raíz entre el concreto y el plástico?

Y ¿por qué me gusta la poesía clásica japonesa? Quizá no tiene la pretensión virtuosa de la poesía confuciana, la elegancia de la poesía sánscrita o las largas danzas floridas de la poesía náhuatl. Es una poesía muy modesta, incluso en los palacios. Pero también es profunda a su manera: su profundidad es como una yerba entre la nieve, como un caracol avanzando, como una burbuja en el agua ,y como las flores de las camelias. Su profundidad, en cierto sentido, es el testimonio humano de los seres de este mundo. Se han ido las voces de los palacios, los dramas de la corte y las voces de los caminantes. Frente al paso del tiempo Tu Fu diría “pero las montañas permanecen”, sin embargo, el poema clásico japonés diría:

La nieve desaparecerá

un día de primavera…

雪ならば

春は消えよう

(Manyoshū, del poema no. 1782)

19 de enero (2024)
Ninomiya, Tsukuba

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