Todo encontraba no en la IA sino en el Manantial

Dios me inspiró un largo poema que he titulado «Todo encontraba no en la IA sino en el Manantial».
Se trata de un canto largo y meditativo para el alma en un mundo colmado de excesos de información y de confusión.

Aquí lo comparto publicado en el blog de Hawansuyo por Fredy Roncalla a quien le agradezco el espacio y la lectura:

https://hawansuyo.blogspot.com/2025/10/todo-encontraba-no-en-la-ia-sino-en-el.html

Escrito en octubre de 2025, en Tsukuba.

Los ojos del girasol

Dios mío
si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
yo viviría como el sol

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
por la ciudad
yo viviría como el sol

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
por el campo
mientras estudio
mientras voy en bicicleta
mientras rueda el balón y lo paso
yo viviría como el sol

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
mientras preparo la cena

entre matorrales y espinas
con el alma desnuda
sin máscaras, sin disfraces

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
con el color del cielo, tiñendo mis cabellos
con la lluvia, bendiciendo mi parcela

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
abrazando a la gente, sin importar su lengua
o su rostro o su estatura

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
a la orilla de una calle, que crece hacia el cielo
y hunde sus raíces en el amor

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
en una iglesia de girasoles
mientras arranco el coche
y estaciono la bicicleta
y bajo caminando por el estacionamiento

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
mientras el gato se calienta tras la ventana
y el perro de la vecina me ladra

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
mientras espero el paraíso,
y el paraíso llega

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
mientras crecen dos hojas nuevas
en mi pensamiento

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
y me vuelvo fruto de la noche, como los higos
fruto del atardecer, como las granadas

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
con una plena satisfacción
con una simple satisfacción
con mi rostro y mi cuerpo

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
con mi esperanza
presenciando la resurrección del segundo Adán

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
con el milagro
moviendo una montaña llamada Tsukuba

Si yo tuviera la fuerza de un girasol para seguirte
yo viviría con el sol de Dios
alumbrando sobre los arrozales.


Ninomiya,
abril, 2023.

[The Wings of Creation. Las alas de la creación. 創造の翼, 2023]

Bakugenjin-mura, Fukushima, 2021

Queridas camelias, flores de invierno que caen sobre las hojas secas.

Hoy por primera vez, en cinco años, fui a una librería de viejo en Tsukuba. Quizá porque no sabía que había una librería de viejo aquí, quizá por acostumbrarme a comprar libros usados en Tokio o en Internet, pero también porque todavía me cohibía al entrar a un espacio con muchos libros siendo incapaz de leer siquiera sus títulos. Este invierno encontré una librería y al entrar me encontré con que había muchos libros de poesía clásica. Encontré el Manyoshū y el Kokinwakashū a muy buen precio. Ahora ya no siento que chapoteo al abrir las páginas, sino que puedo leer lentamente entre los kanji.

De regreso pensaba: ¿qué significa poder leer en cualquier idioma? Entre muchas cosas posibles, significa poder escuchar las voces de los que han muerto y las voces de los más antiguos. ¿Y para qué nos sirve esto, Yaxkin? Me preguntaba. ¿Para escuchar en qué pensaban los más antiguos?⸻ pues…más que eso, leer nos sirve para escuchar lo que puede un corazón, el propio. Los antiguos nos enseñan eso, qué puede sentir, amar, escuchar, comprender y entregar un corazón que está vivo en el siglo XXI. Para eso sirve leer, porque realmente no sabemos de todo lo que puede un corazón, pero Dios nos ha dado palabras para hablar unos con otros y conocer juntos las honduras y anchuras que se despliegan y olvidan, los pálpitos que mueren una vez, pero renacen cruzando el tiempo. ¿Qué puede el corazón? ¿Acaso no sería una buena pregunta para aprender a vivir, para disfrutar la vida, para llenar la existencia con algún propósito íntimo que crezca como una tierna raíz entre el concreto y el plástico?

Y ¿por qué me gusta la poesía clásica japonesa? Quizá no tiene la pretensión virtuosa de la poesía confuciana, la elegancia de la poesía sánscrita o las largas danzas floridas de la poesía náhuatl. Es una poesía muy modesta, incluso en los palacios. Pero también es profunda a su manera: su profundidad es como una yerba entre la nieve, como un caracol avanzando, como una burbuja en el agua ,y como las flores de las camelias. Su profundidad, en cierto sentido, es el testimonio humano de los seres de este mundo. Se han ido las voces de los palacios, los dramas de la corte y las voces de los caminantes. Frente al paso del tiempo Tu Fu diría “pero las montañas permanecen”, sin embargo, el poema clásico japonés diría:

La nieve desaparecerá

un día de primavera…

雪ならば

春は消えよう

(Manyoshū, del poema no. 1782)

19 de enero (2024)
Ninomiya, Tsukuba

La fiesta del corazón 心の祭り

A mis hermanos y hermanas

que eres la luz

luz que es mi vida

luz que es la materia

luz que es el fin

luz que camina

con la suave mirada

de lo nuevo.

Tú que eres

el árbol de luz

del que he brotado

y soy hoja

y flor

y fruto

y semilla.

Tu jardín es el espacio

y no te he dado gracias,

pero me das cada respiración.

Yo que no creía en la resurrección

estoy lleno de esperanza.

Hoy, hemos hecho una fogata

para orar y cantar

en la montaña del tiempo.

Estamos de fiesta,

nos has creado

del polvo de las estrellas.

14 de abril, 2023

Flores de fuji (Wisteria) en abril después de la lluvia, Tsukuba.