El capullo de una flor para Nicanor Parra, un poema de hace algunos años y un video.

Este poema lo escribí hace varios años como parte de un homenaje a Nicanor Parra del que perdí la pista. Ésta es una versión reciente de ese poema que alude al poema «Defensa del árbol» de Nicanor Parra.

DEFENSA DE MI ÁRBOL

 Llorar y reír son frutos de nuestro árbol
 y para el que no ríe ni llora
 su árbol está seco.

 un muchacho maya


 Mi camino es bosque,
 pero hablo de cosas que quizá a nadie le importan
 o ya no responden los edificios
 con sus preguntas 
 y sus ventanas apagadas.

 Mi camino es bosque,
 de todos los tipos de árboles,
 porque son máscaras para los dioses del cielo,
 los que soplan 
 y se alegran haciendo relámpagos.

 Hablo con las plantas,
 escucho el aire,
 te diré un secreto...

 -otras civilizaciones
 son las hojas
 respirando
 o los troncos chamuscándose en el fuego

 hay un dios en el fuego  
 con una corona azul
 y hay un árbol que nace del árbol 
 quemándose-

Ahora un fuego verde
 brota, 
 respira, 
 y aúlla 
 al cielo sin estrellas
 Y el ángel sube en remolinos 
 de humo
 y aúlla 
 como si sus vértebras se quebrasen.
 Son las vértebras del que sueña
 y vive en la fascinación.

 no más sangre
 dicen en el hormiguero
 y born this way 
 dicen las serpientes.

 Ideas indómitas 
 como las nubes pasan
 y nada se apaga 
 ni se cierra:
 un espíritu joven canta, canta 
 y luego transforma su canto en orejas.

 Escuchar 
 es un verdadero peligro 
 para la destrucción
 y el aniquilamiento.

Pero cómo saber si el que está detrás mío
 viene con mi nombre entre sus manos
 o si el que va delante mío
nace cortando un árbol,
 nace cortando el tiempo,
 o 
 nace cómo un árbol
 que vuela en sus sueños
 hacia las nubes
 o 
 si el que camina aquí y ahora
nace del árbol,
 sueña al niño,
 respira el eón, 
 alaba al quetzal del fuego.


Ciudad de México-Tsukuba (2011-2021)

Esta versión del poema ha tomado diez años en escribirse, es como una semilla que brotó y ha tardado diez años en dar su primera flor.  Fue hace diez años cuando conocí de manera casi milagrosa a don Nicanor Parra. Entonces, viajaba con el poeta Héctor Hernández y dos amigos chilenos por la costa central de Chile. Después de visitar la tumba de Huidobro, pasamos por Tres Cruces, donde se encontraba la casa de don Nicanor Parra. Este es un extracto de un correo que escribí a mi amigo Manuel de J. Jiménez. 

… fuimos a su casa en Las Cruces, otro pueblo como a 10 minutos de ahí. Lo más alucinante que me ha sucedido en la vida fue conocerlo. Llegamos así a lo güey, y yo super nervioso, el viejo nomás como que se asomó y nos vio y salió a saludarnos. Nos hizo un poquito de conversa ahí mismo a la puerta de su casa nomás… me citó cosas de Juan Rulfo, me dijo -México, ése si que es un país, cosa seria- y me recitó una canción entera, [que resultó ser] un corrido de los Tigres del Norte… [luego] vi en sus ojos algo lindo: un viejo poeta y un poeta joven son lo mismo. […] La poesía sigue, seguirá más allá de nosotros y hasta que desaparezca la raza humana. La poesía es nuestra especie, a pesar de todo lo estúpida e involucionada que es nuestra especie, sólo la poesía nos pertenece, pero es algo que aún no sabemos [tú y yo] y que permanece misteriosamente para nuestra mente poco explorada.