Hoy me encontré a una serpiente verde (aodaishou), más o menos de un metro de largo, que estaba justo sobre la banqueta cerca del parque y la piscina pública. Me dio pena que casi la piso con la bicicleta. No me asusté, nada más me le quedé mirando un rato, pues yo iba al parque y ahí mero estaba el estacionamiento. Me surgieron algunas preguntas, quién es, qué hace, qué intención tenía allí por el parque. Lo cierto es que últimamente hay muchas construcciones de apartamentos y la ciudad avanza hacia la zona donde vivo que aún conserva campo. Pero el asunto es más complejo (o no). El año pasado desapareció una zona de monte de bambú que era el hogar del faisán, ese lugar lo mantenían los campesinos de la zona tal cual hasta que alguna gente comenzó a tirar basura, muebles viejos, metales en el monte y decidieron talarlo. De algún modo los faisanes y sus pollitos se las están arreglando este año.
La serpiente sé que vive cerca de los canales, la he visto antes tomando el sol junto a los arrozales. En esta época abundan las ranas y los pájaros pequeños.
Pero sobre todo me quedé pensando que lo que sentí fue una sencillez natural, que no tenía ninguna intención ni de tomarle una fotografía, ni de asustarla, ni de interrumpir lo que estuviera haciendo. Sé que me vio y hasta se me acercó con algo de curiosidad.
Sé que cuando veo a la garza ella sabe que estoy aquí. A veces me da pena interrumpirla, pero otras veces ella se muestra muy linda y me anima. Sé que la serpiente también sabe que estoy aquí, que estamos aquí. Todos los seres vivos saben lo que estamos haciendo y conocen nuestro corazón.
Sé que las ranas cantaron fuerte este verano para que lloviera y para que no desaparezcan los arrozales.
Este verano se está cultivando más el trigo.
11 de julio.
