Una Red de Poetas Salvajes

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Continuar sin desaparecer exige una nueva coherencia. Mi amigo Manuel de J. Jiménez me había dicho alguna vez que uno desde la luz aprende a amar sus propios pasos, aunque hayan sido erráticos, porque eso es amar desde el amor verdadero que es reconocer con compasión la vida. Dejé por un largo tiempo de interesarme por lo relacionado a Los Poetas Salvajes y el El Nuevo Mundo, pues necesitaba hacer un verdadero desprendimiento, una revisión madura y sin complejos de mis pasos poéticos. Ahora sé que el libro de mil páginas que «deseché» en la selva peruana tiene su propia vida y de aquél saco de semillas poéticas algunas han decidido continuar su vida con nuevos lectores. Parte de esa vida es la traducción de aquellos poemas al inglés. Ryan Greene, poeta, gestor, artista y traductor de El Nuevo Mundo al inglés me avisa que uno de los versos de aquellos poemas ha conectado con lo que él hace, y con el espíritu de sus proyectos de comunidad. Me dice que adoptaron uno de aquellos versos que dice: el futuro es poema // the future is poem.

Luego llegó un joven reportero llamado José Carlos Oliva a preguntar sobre la Red de los Poetas Salvajes para una nota. Acepté platicar con él, hablar con sinceridad de una etapa de mi escritura, de mi poesíavida. Creo que al final, su artículo es más que atinado: El auge y caída, de los poetas salvajes (y parricidas). Y aunque para algunos aquello podría sonar a un fracaso, para mí es un paso del aprendizaje que me ha llevado a encontrar una poesía plena que en todo momento brota y alumbra como el Sol. Joven poeta, hay que renacer en algún momento, dejar atrás la cáscara efímera de tus propias palabras para descubrir que la poesía esta más allá de lo escrito. Hay que renacer dejando atrás la rabia y la vanidad literaria. Una poesía renacida puede pasar desapercibida para los nuevos artistas de lo que José Emilio Pachecho llamaba el circo de los poetas urbanos. Pero lo cierto es que una poesía renacida llega más hondo y como me dice la poeta Susana Bautista, es la que sirve para transformar la vida. Me quedo pensando en sus palabras, cuando un poema brilla de verdad es porque abona con su fuerza vital otras vidas, su palabra se vuelve parte de otras vidas. Yo escribí con amor y sueños, y con mucha rabia contra el mundo. Exploré la fuerza del ritmo poético y imaginación hasta donde pude. Luego lo dejé todo, porque he tenido que transformarme a mí mismo para encontrar una poesía genuina a mi transformación espiritual en un nuevo hombre. Una palabra que brota de mi corazón, pero que no es mía, ni requiere de rabia ni deseos de fama literaria. Soy uno con el poema del mundo que alumbra mi creación poética.   

Sin embargo, en aquella tolvanera de noches delirantes con Los poetas salvajes había una semilla llamada «corazón» y siempre escribí con el corazón. Escribí con los ritmos del corazón que me llevaba en el microbús todos por los viernes cruzando la Ciudad de México para tomar un taller de poesía, con los rimos del corazón rebelde que arengaba en las calles con un megáfono “láncense a los caminos” y con los ritmos de un corazón generoso que me daba energía para publicar los libros artesanales de mis amigos. Mi poesía viene del polvo, de las tolvaneras de la vida en la violenta Ciudad de México. Dios y la tierra me han sacudido y poco a poco he ido quitando telarañas y malos aires de mi corazón. Dichosa es la palabra que siente a Dios y la naturaleza, pues dicha palabra habla con el origen de las galaxias, como un pájaro que canta a la mañana. La palabra de mi corazón es poesía con el brillo de lo nuevo y los colores de los antiguos.

Joven poeta, trascender como poeta, no significa buscar el rumbo iluminado del genio, sino entregar tus pasos poéticos a un sol que lo alumbra todo. La verdad alumbra como una lámpara y debe estar en el lugar más visible.

Hablo con la verdad porque sé que hay más generaciones por venir como yo: parricidas, delirantes, lanzados de hocico y abriendo “las puerta de la percepción”, pero también tiernos, ávidos, creadores de los nuevos lenguajes y trenzando lo poético a sus comunidades. Ellas y ellos son la verdadera tierra poética del mundo. Y aunque quizá habrá quienes se burlen de mí, quien tiene por destino andar junto al río eterno de lo vivo irá más allá de las modas e ilusiones. Aquella, aquél será el poeta que irá más allá de sí mismo, porque la poesía sigue siendo verdad. En el Sol verde escribí un verso que se niega a marchitarse:

Algo bello es la vida? me dirás al verme, y yo te diré algo bello es la vida.

Gracias a esa nota, reencontré a la poeta cubana Laura Domingo Agüero, que visitó el llamado Taller de las Ediciones Artesanales Alienígenas del Centro Cultural la Pirámide por esos años. Ella, en una entrevista que me ha dejado pensando, ha descrito con buenas palabras el rumbo del oficio del creador:

Por tanto, el creador, por naturaleza, está dotado de coraje, perseverancia y de gran complejidad interior. Y no debe olvidarlo.

Tampoco con esto quiero decir que un artista deba ser un atormentado rebelde. Esas vestiduras adolescenciales las respeto, pero me resultan ridículas, tanto como las de quienes asumen el papel de medidores universales.

Creo que el arte es libertad auténtica, y no requiere de un artista más que sea (contra todo) él mismo a través de su obra.

Un buen poeta es un ser que ha cavado en la piedra de su alma

 Estoy completamente de acuerdo.

Finalmente, para la nota escribí un poema a la Red de los poetas salvajes. Por cuestiones del formato periodístico no se pudo publicar, pero aquí lo pongo completo. Este es el camino de los verdaderos caminantes salvajes, los que avanzan por verdes montañas.

Una Red de poetas salvajes
Yaxkin Melchy

Vienen los días del poeta salvaje
              a buscarme
Recíbelos —me dices—
y diles:

Ustedes fueron como la flor
que germina en la tolvanera
y cuando aclara su flor es bonita
aunque el resto permanece sucia

Pero yo, también
              las amo

—y luego diles—

Flor, sigue creciendo,
pero al sol, no a la sombra
              Crea y da
tienes que sobrevivir,
levantarte,
dejarlo todo,
              todo es lo que haces
              y lo que tú crees que eres

Y seguir por el camino de la poesía,
porque el camino de la poesía
no es lo que has escrito
              es la flor
que florece en la tolvanera.

Tsukuba, 2021

Muchas gracias a José Carlos Oliva, a Manuel de J. Jiménez
y a Pedro Favaron a quien siempre agradezco.