Acabo de ver en la televisión japonesa el encuentro entre Trump y la élite política de Japón, liderada por el primer ministro Abe y el nuevo emperador Naruhito. Entre la pompa de una cena de gala que acerca a las élites de ambos países, Trump se expresó del Manyōshū y de Ōtomo no Tabito, el mismo poeta que vivió hace 1300 años y escribió un poema sobre el verano en el monte Tsukuba. Que se utilice la poesía para establecer lazos entre los gobiernos y poderosos ya no me parece algo raro en este mundo. Las palabras que alguien escribió en un poema perduran como lazos invisibles y son símbolos recios en el tiempo, estos lazos son los que estos líderes utilizan en favor de sus intereses. Haciendo otro uso de ellos, aquellos poemas del Manyōshū son los mismos que poetas como Nanao Sakaki o estudiosos como Masanosuke Oguita utilizaron para acercarse al corazón del pueblo indígena americano.
Puedo verlo y sentirlo, la poesía es un instrumento cuyo sonido es la voz de la memoria humana y su corazón. Cómo se lee, para qué se usa, qué cosas conecta y qué pactos y fuerzas se refuerzan en este mundo es la cuestión.
Todo esto es para decir que la rectitud y la corrupción también son parte del mundo y la vida de los poemas.
Dato curioso.
Estos días en Japón ha habido temblores y temperaturas inusuales sobre treinta grados.

