Este documental me dio una visión diferente de China y viene de un director japonés (Takeuchi), lo cual para mi fue una bonita sorpresa de que no importan las supuestas confrontaciones nacionales, siempre se puede mirar con sinceridad y desde el afecto. Esta provincia de China (Sichuan) me recordó mucho a México, a Perú, a Honduras, Guatemala, a lugares que he visitado alguna vez como poeta o haciendo servicio social. A diferencia de otro tipo de documentales, no se idealiza la vida en los campos ni busca el director vanagloriarse por mostrarnos los lugares recónditos y remotos de ese país. En vez de eso, nos muestra con sencillez los trabajos y dilemas de la vida de los Yi, gente que está en el borde del cambio entre lo rural y lo urbano, entre una cultura arraigada y el tremendo desarraigo que se les propone, entre la cultura del trabajo desde pequeños y la otra cultura de la educación y la formación escolar. Pero yo creo que las preguntas que hace el director son las más buenas, pregunta por los sueños de esos niños y pregunta a sus padres por cómo se ven a futuro y por cómo ven el pasado. Cuando yo pienso en mi familia sé que mis abuelos también fueron gente como ellos, que migró del campo a la ciudad buscando lo mismo: una posibilidad de educación y unas condiciones mejores de vida. Yo, estoy agradecido con eso a mis abuelos y abuelas y he llegado a comprender en el corazón que me toca regresar a buscarlos con agradecimiento en vez de perderme en el consumo u olvidarme de quien soy debido al desarraigo de la ciudad. El camino de la vida es un volver para conversar con nuestros ancestros porque pueden darnos consejo para vivir. Yo he aprendido de la gente con espíritu fuerte que hay que pedir en lo íntimo con humildad, porque en nuestros abuelos y abuelas el corazón relumbra y nos dan una guía ética. El sueño de nuestros abuelos y abuelas se cumple cuando nosotros estamos satisfechos y somos buenas personas. Ser personas plenas y agradecidas, y si eso es la modernidad entonces cumple lo que soñaron de la modernidad, pero cuando eso se desvía hacia otras cosas y nos olvidamos de quien somos dentro de nosotros, no hacemos sino desagradecer y perdernos en la aflicción más desoladora.
Como extra, para mi la sensibilidad del documental resuena con la de Carlos Ferrand (Perú-Canadá) en el llamado Americano.