El pequeño SANTUARIO de ICHINOYA

Padre, la poesía,
¿a dónde viajará esta noche?

Dejo que mis ojos vean con el interior,
ya mi corazón es tierra amplia para su cauce
ya la estrella que me mira alumbra mi corazón

—cásquiro— dices
palabra que inventas y sabe como una fruta

Empapado voy junto al río de la noche
soñando estrellas
afirmando mi paso
con el bastón recto
y con la sandalia del pie descalzo

En esta pieza de paz
cada paso nace
porque nace del dictado
de la antigua luz de las galaxias
Abrevo de esa luz
y de la nueva luz del Sol
mirándose en la Luna llena
porque mis ojos también se han abierto
esta noche de claridad

El gran prodigio
que heredo
de la poesía
es sentirme
hijo de las generaciones

Pequeña vida en paz pequeña,
no hay tamaño
para los ojos del amor
que son los ojos del vacío del Buda

Hay que haber brillado
y hay que compartir
para entregar los huesos
y entonces el amor dado
brillará para siempre
y será tu luz, la misma
donde me has hallado


Hoy, para ser tu hijo
la paz de abril
llena de pétalos el te-mizu-sha
del pequeño santuario de Ichinoya

Allí, me lavo las manos
y el musgo abre mi visión
del paraíso

Es muy breve mi visita
al templo de la vida
—pero he que vine a
agradecerte todo—
y me retiro.


Santuario de Ichinoya, Japón
12-20 de abril, 2019


Santuario de Ichinoya, 2019