Qué lugar perseguirás ahora, mente si flores y pájaros llenan el camino de las montañas.
Santo Domingo Ocotitlán Un 1 de agosto de 2017
Me ha llegado el libro Flor de Amaneceres: Nuevos poemas del Hatun Mayu, publicado en Córdoba, Argentina por Tepatikih, un proyecto con el que siento afinidad y a quien agradezco nuevamente la cuidada edición. Se trata de un libro que conecta México, la selva peruana y Japón. Es un poemario que tiene cerro y algunos aprendizajes del corazón entre México, Perú y Japón.
«En el año 2015 visité por primera vez la selva peruana y conocí a Pedro Favaron, amigo, poeta y médico tradicional. Ese mismo año comencé a estudiar japonés y el mensaje ecológico de la poesía de Nanao Sakaki. El camino de Sakaki y la poesía japonesa me llevaron a este país, en el que resido desde hace cinco años al pie del monte Tsukuba. Son grandes los tesoros de la buena palabra y rica la tierra en caminos trazados por caminantes y poetas. Esta es una selección de poemas escritos durante mi primer viaje a Japón, luego en México y de regreso. Son los amaneceres de un caminante entre Asia y América.
Días de viaje recuerda los viejos puentes el corazón indio»
La portada es una caligrafía del kanji de flor 華 que hice con el seudónimo de 翠陽y que recibió una mención especial en un concurso de la Asociación Japonesa de Caligrafía 日本書道教育学会. Pueden pedirlo en Amazon https://www.amazon.com/Flor-amaneceres-Nuevos-Ecopoesia-Spanish-ebook/dp/B0D9ZKT72Q (Yo tengo también algunos ejemplares y estaré unos días en México por si les interesa comprarlo conmigo).
Dios amado, constelación indescifrable de estrellas en mi corazón.
Sueño
Junto con mi hermana estamos frente a un estanque de cuyo borde cae una cascada al infinito. Entro en el estanque y digo -soy como doña topita, soy como la tortuga-. Luego saco una gran piedra del fondo del estanque y la cascada se convierte en una serie de terraplenes inundados. En los bordes del terraplén más alto donde nos encontramos crecen grandes flores amarillas como la seitaka awadachi-sou (Solidago altissima). Entro al estanque y en su interior encuentro un pasillo que lleva a una recámara. Por otra puerta del estanque entra mi hermana y en el centro del pasillo que cruza el estanque nos encontramos. Ya es la época de la seitaka awadachi sou, y del kinmokusei (Osmanthus fragrans var. aurantiacus) el árbol de flores naranjas que según mi amigo Shinnosuke huelen a panqueques. Ya es el inicio del otoño, que será café, amarillo, anaranjado y finalmente rojo. Habrá un otoño rojo. Habrá un tiempo en el que te escuche hablarme. Mientras tanto, doy la bienvenida a este otoño café, el que se llena de castañas y de hojas caídas en los campos de Tsukuba. El otoño amarillo poco a poco se tornará naranja con el kinmokusei, las flores de cosmos y los caquis. El otoño naranja poco a poco se tornará rojo con las hojas del momiji y los kaede.
Postdata
Martín me envía fotografías de la presentación de mi libro Flor de Amaneceres en Argentina. Mariana me envía buenas noticias de la publicación de la antología de poesía japonesa Mandalas, segundo tomo II, también en Argentina. Ryan me dice que «Mi estrella umbilical» se publicará en Estados Unidos. Otoño de flores y frutos, nueces y constelaciones. Bendita sea mi cosecha.
He comenzado a leer una introducción sobre una corriente de teología cristiana japonesa nacida con un temperamento budista y zen. Apenas son nombres en el agua difusa, pero ya comienzo a asomarme. En este diálogo cruzado de la fe, yo pienso: ¿Qué se busca? y ¿Qué se ama?
A veces sé lo que busco, y olvido lo que amo. A veces sé lo que amo, pero olvido lo que busco.
Los japoneses buscan el amor de Dios y aman a la naturaleza. Yo deseo que esa búsqueda los lleve a Cristo sin renunciar a su íntima relación con la inmensidad del cosmos.
Entre todos los otoños, hay un otoño blanco. Incalculables son las estrellas que se mecen entre los susuki (Miscanthus sinensis).
Tsukuba, 25 de octubre, 2024
Kinmokusei, la flor que huele a panqueques tras la lluvia. Octubre, 2024. Tsukuba.
Esta es una flor de nieve Yuki no Hana 雪の花. No crece sino que cae del cielo. Al medio día era ya agua yendo a las raíces. Aquí me la mostraron, en Kioto. ¡Buen inicio de 2022!
Kioto, Yoshidayama, antes Kaguraoka. 1 de enero de 2022.
This is a Snow Flower 雪の花. It doesn’t grow but falls from the sky. At midday, it was just a thread of water flowing back into the earth. They show me it in Kyoto. Happy New Year 2022.
Esta se llama KATAKURI, カタクリ (Erythronium japonicum) y es un tipo de bulbo. En los tiempos antiguos se preparaba una harina llamada katakuri-ko a partir de los bulbos y es una de las flores que aparece en la antología de poemas del Manyoshu, específicamente en el poema 4143:
もののふの八十娘子らが汲み乱ふ寺井の上の堅香子の花
mononopu no yaso wotomera ga kumimagapu terawi no upe no katakago no pana
An array, A multitude of maidens Scooping Water from the temple wellhead; A bunch of lilies!
Ōtomo no Yakamochi 大伴家持 Trad. Thomas McAuley
También el poeta Kobayashi Issa la menciona en el «Diario de la muerte de su padre». El haijin (poeta del haiku) menciona la elaboración de una bebida medicinal hecha con harina de katakuri que se disuelve hasta espesar en agua hirviendo. En el monte Tsukuba, en el mes de abril se realiza un paseo cerca de la cima del Nyotai-san por donde florecen estas flores.
Abril en Tsukuba y alrededores. 満開 [mankai] significa la plena flor del cerezo y utiliza el mismo caracter kanji que se utiliza para luna llena 満月 [mangetsu].