Dice un poeta en una entrevista que el lenguaje es una ruina, él habla de la ruina que es el lenguaje. Es decir, que la palabra gato ya no es gato, que la palabra agua ya no es agua. La relación ominosa entre el lenguaje y las cosas. Y así es, y sin embargo, en la palabra aún habita la luz divina, la fuerza que imprime de espíritu las palabras y que se transparenta en algunos usos poéticos del lenguaje. Esto es lo que entendieron también los antiguos japoneses como kotodama, el espíritu en la palabra. Ellos estarían de acuerdo con el pensamiento de que el lenguaje ya no es el lenguaje de los kami antiguos en el que decir equivalía a hacer, y que correspondería en Occidente al lenguaje adánico. Y sin embargo, nos dice Kakinomoto no Hitomaro y después Ki no Tsurayuki, el verso puede liberar algo de esa fuerza sagrada, la potencia del decir que no cesa de hacer. El verso potente es por lo tanto un verso que imita la forma de la palabra de los kami. Una idea que en Occidente equivaldría a una poética que imite la palabra de Adán. Una poética que además dicen requiere de una cualidad: el corazón sincero. El corazón sincero es aquel corazón profundo que se identifica con la naturaleza. Una poética del kotodama es una poética en la que el ser humano se identifica con la naturaleza para que hable su corazón. Éste es el patrón antiguo de una poética primigenia, sobre la que se asienta la tradición del waka, el canto poético japonés, una poética que es la del embrión del espíritu, el embrión vegetal del hacer mundo que brota entre la ruina del lenguaje.
en Teotihuacan, por Yoshie Hata
Diciembre 2024.
P.D. [Estos días se está imprimiendo en EUA el libro El ADN del canto / The Song’s DNA, traducido al inglés por Ryan Greene y publicado por Spiral Editions. Este pensamiento es también retrospectivo a ese libro verde del ADN del corazón, a la poética de un kotodama intuido, una poética intuida en el título de un proyecto que se llamó El Nuevo Mundo. Este pensamiento es también una celebración y un agradecimiento a la luz que entra por las puertas del pensamiento y las puertas de mi corazón, en instantes como éste en el que los años se asoman, para revelarme algo como una poética de mi trabajo.]
Hace unos años el poeta Tetsuo Nagasawa «Naga» escribió un bellísimo poema de su amistad con Nanao Sakaki, de cuando ámbos caminaban por las calles de Tokio y formaban parte de la Academia de vagabundos (Bamu Academy). Se los quiero compartir:
TENEMOS LOS PIES, CON NANAO
Nos vemos pronto
no existe el todavía
no ha desaparecido el todavía.
En este instante pienso
¿nos hemos conocido?
recojamos las piedras que ruedan por la memoria:
Shinjuku, Fugetsudō,
Nanao diciendo:
“hey, estoy ocupado, me llaman por aquí y por allá”
“pasa, estoy aquí sentado, escuchando a Bach”
y luego:
“―oye, ¿dónde vas a pasar la noche?”
“―en Mitaka”
y entonces comenzamos a caminar
a unos seis kilómetros por hora
desde Shinjuku, siguiendo la línea Chūo del tren,
entre orillas de charcos de fierro y hormigón
sí, tenemos que pasar por la civilización,
pero “tenemos los pies” y
en el cielo se asoma el alba,
una pálida estrella comienza a brillar de nuevo
y miramos fijamente a las estrellas sin pedirles deseos
esa es Orión, es Sirio, es la Estrella del hombre viejo del sur
las estrellas están caminando,
estrellas sin ingresos y sin alojamiento
y a veces bebemos sake con los cangrejos ermitaños de playas donde ha desaparecido la arena
y otras veces mientras escuchamos la música barroca que cantan las ranas,
guardando bien la filosofía griega, los Upanishads y los sutras budistas en la mochila
mientras estamos rodeados de flores de luz y flores de oscuridad,
nosotros “tenemos los pies”
cruzando mares color esmeralda, playas blancas de coral, bajo un sol brillante
o bien cruzando por la nieve cegadora,
entonces nuestros pies caminantes se dicen
“nos vemos luego” y
y nos separamos y luego, otra vez, nos encontramos,
ay, pero ahora dejas aquí tu cadáver, que no es tuyo
y sales
porque estoy seguro de que nuevamente alguien te llama,
ya eres los huesos escritos en un mapa
ya eres las flores de cactus que florecen a la orilla del mar
y la canción soplada por un viento cubierto de cenizas,
porque te has convertido en una canción
entonces, veámonos de nuevo, en Shinjuku
entre arbustos yabukōjis,
en la oscuridad que va y viene por las carreteras,
bajo la lluvia que vierte su radioactividad,
sirviendo un poco de shōchū, sorbiendo un ramen,
riéndonos a carcajadas,
hablando con frases imposibles
como “hay un sueño que nos sueña”
y vayamos caminando
en la punta de una rama marchita que florece
al final de una civilización,
tu fluyendo a través de ti
y yo fluyendo a través de mí,
porque de lo andado a pie
me dices “―por favor, olvídalo”
sólo ahora, sólo aquí, estamos,
eso es suficiente.
¡Ay, Nanao, tomemos un té!
Tetsuo Nagasawa "Naga"
長沢哲夫 Tetsuo Nagasawa «Naga» En Ashi ga aru, Splash Words, Tokio, 2019.
Qué lugar perseguirás ahora, mente si flores y pájaros llenan el camino de las montañas.
Santo Domingo Ocotitlán Un 1 de agosto de 2017
Me ha llegado el libro Flor de Amaneceres: Nuevos poemas del Hatun Mayu, publicado en Córdoba, Argentina por Tepatikih, un proyecto con el que siento afinidad y a quien agradezco nuevamente la cuidada edición. Se trata de un libro que conecta México, la selva peruana y Japón. Es un poemario que tiene cerro y algunos aprendizajes del corazón entre México, Perú y Japón.
«En el año 2015 visité por primera vez la selva peruana y conocí a Pedro Favaron, amigo, poeta y médico tradicional. Ese mismo año comencé a estudiar japonés y el mensaje ecológico de la poesía de Nanao Sakaki. El camino de Sakaki y la poesía japonesa me llevaron a este país, en el que resido desde hace cinco años al pie del monte Tsukuba. Son grandes los tesoros de la buena palabra y rica la tierra en caminos trazados por caminantes y poetas. Esta es una selección de poemas escritos durante mi primer viaje a Japón, luego en México y de regreso. Son los amaneceres de un caminante entre Asia y América.
Días de viaje recuerda los viejos puentes el corazón indio»
La portada es una caligrafía del kanji de flor 華 que hice con el seudónimo de 翠陽y que recibió una mención especial en un concurso de la Asociación Japonesa de Caligrafía 日本書道教育学会. Pueden pedirlo en Amazon https://www.amazon.com/Flor-amaneceres-Nuevos-Ecopoesia-Spanish-ebook/dp/B0D9ZKT72Q (Yo tengo también algunos ejemplares y estaré unos días en México por si les interesa comprarlo conmigo).
Dios amado, constelación indescifrable de estrellas en mi corazón.
Sueño
Junto con mi hermana estamos frente a un estanque de cuyo borde cae una cascada al infinito. Entro en el estanque y digo -soy como doña topita, soy como la tortuga-. Luego saco una gran piedra del fondo del estanque y la cascada se convierte en una serie de terraplenes inundados. En los bordes del terraplén más alto donde nos encontramos crecen grandes flores amarillas como la seitaka awadachi-sou (Solidago altissima). Entro al estanque y en su interior encuentro un pasillo que lleva a una recámara. Por otra puerta del estanque entra mi hermana y en el centro del pasillo que cruza el estanque nos encontramos. Ya es la época de la seitaka awadachi sou, y del kinmokusei (Osmanthus fragrans var. aurantiacus) el árbol de flores naranjas que según mi amigo Shinnosuke huelen a panqueques. Ya es el inicio del otoño, que será café, amarillo, anaranjado y finalmente rojo. Habrá un otoño rojo. Habrá un tiempo en el que te escuche hablarme. Mientras tanto, doy la bienvenida a este otoño café, el que se llena de castañas y de hojas caídas en los campos de Tsukuba. El otoño amarillo poco a poco se tornará naranja con el kinmokusei, las flores de cosmos y los caquis. El otoño naranja poco a poco se tornará rojo con las hojas del momiji y los kaede.
Postdata
Martín me envía fotografías de la presentación de mi libro Flor de Amaneceres en Argentina. Mariana me envía buenas noticias de la publicación de la antología de poesía japonesa Mandalas, segundo tomo II, también en Argentina. Ryan me dice que «Mi estrella umbilical» se publicará en Estados Unidos. Otoño de flores y frutos, nueces y constelaciones. Bendita sea mi cosecha.
He comenzado a leer una introducción sobre una corriente de teología cristiana japonesa nacida con un temperamento budista y zen. Apenas son nombres en el agua difusa, pero ya comienzo a asomarme. En este diálogo cruzado de la fe, yo pienso: ¿Qué se busca? y ¿Qué se ama?
A veces sé lo que busco, y olvido lo que amo. A veces sé lo que amo, pero olvido lo que busco.
Los japoneses buscan el amor de Dios y aman a la naturaleza. Yo deseo que esa búsqueda los lleve a Cristo sin renunciar a su íntima relación con la inmensidad del cosmos.
Entre todos los otoños, hay un otoño blanco. Incalculables son las estrellas que se mecen entre los susuki (Miscanthus sinensis).
Tsukuba, 25 de octubre, 2024
Kinmokusei, la flor que huele a panqueques tras la lluvia. Octubre, 2024. Tsukuba.
De regreso de Tokio, mientras esperaba al autobús, se sentó a mi lado una pareja mayor. Comencé a platicar con ellos, el señor me dijo que era de Wajima, allí donde fue el terremoto el primero de enero. Me dijo que desde hace años vive en Kanazawa y que quería volver a Wajima, pero que no sentía valor para hacerlo. Me dijo que antes entre Kanazawa y Tokio se hacían nueve horas de viaje y que Japón era otro Japón. Cuando me dice esto estamos los tres en una pequeña banca bajo los nuevos rascacielos de la estación de Tokio. Les digo que estudio poesía japonesa y el señor me dice que en la primaria le enseñaron poemas y no entendía muy bien de qué se trataban. Me dice que aún no sabe, o se pregunta, qué es la poesía. Entonces pienso si yo podría decirlo, pero dudo y mejor le digo que me interesa la poesía porque en mi lengua también hay poemas y es curioso que en todas las lenguas hay poemas. Hay distintas geografías, pero el corazón humano se parece, eso digo.
Pero qué es la poesía… Vinimos al mundo con la capacidad de cantar, como los pájaros -pienso en el autobús de regreso. Pero quiero tocar las raíces de la pregunta. Dios, qué es el canto del corazón, sino la bella facultad que nos has dado para hacer resonar el ser y así caminar entre las montañas del tiempo. Una facultad para crear follajes donde guarecernos en nuestro camino. El corazón conoce de follajes de memoria y sentido, allí donde tú estás. Entonces, cuando el canto -el poema- resuena es una lengua ampliada de los pálpitos del corazón.
En estos tiempos algunos poetas se preguntan para qué sirve componer poemas. Y otros poetas les contestan, y ¿para qué sirve bailar? Dicen, es algo que hacen los seres humanos desde siempre (algo así diría Snyder o Nanao…) y haciendo eso hacemos que el mundo sea más habitable.
También dicen los antiguos que el ser humano canta para liberar el alma, para ver claro dónde está parado, para que la visión vuele, para que los sueños de los ancestros regresen, para que el resplandor preñe lo viejo con la sorpresa, para reconocernos, para que el corazón eche brotes y hojas y flores y frutos como la rama de Aarón.
La poesía nos enseña que cantando conocemos más la vida.
Y tú, ¿a quién le cantas, a quién le bailas brote del verano?
Quiero agradecer la publicación de mi poemario Flor de amaneceres, nuevos poemas del Hatun Mayu publicada por la editorial Tepatiki de Córdoba Argentina. Aunque no conocía a la editorial, me entusiasmó la idea de publicar en este proyecto que siento muy afín a mi poética. Gracias a Martín y al equipo de la edición por su entrega, cariño y profesionalismo. En cierto sentido se trata de la continuación del Hatun Mayu de 2016 publicado por Hanan Harawi
Este libro es un poemario con la historia de un camino que cruza Japón y México.
Fue escrito durante mi primer viaje a aquel país, luego en México y
Cascada de los hilos blancos (白糸滝) en Kitakaruizawa, Gunma, 2024. Esta es una cascada-manantial que nace a los pies del monte Asama. Se dice que el agua ha transcurrido 6 años desde que cayó sobre el monte hasta brotar aquí.
Según el almanaque del calendario antiguo japonés acabamos de entrar al mes de Yayoi, el mes que sigue a la floración de los cerezos y en el que todas las flores comienzan a abrirse y los pájaros cantan en el monte. Hay dos expresiones que nos dan una imagen sorprendente del mundo vivo: “kotodama no sakihafu kuni” “el país donde florece alegrándonos el espíritu de la palabra” expresión antiquísima atribuida al poeta Kakinomoto y que sobrevive en el sentir japonés. La segunda es “sankawarai yachokataru” expresión que comparte Japón con China “las flores del monte ríen y los pájaros del campo conversan”. La primera da cuenta del pensamiento del espíritu de la palabra o pensamiento del kotodama, que afirma que hay un espíritu latente en las palabras capaz de transformar la materia y el corazón, es decir, que vivimos en un mundo donde el espíritu de la palabra florece alegrando el corazón de todos los seres. La segunda da cuenta del panlingüísmo poético japonés según el cual todos los seres poseen un lenguaje y lo utilizan para expresarse, de allí que la mujer o el hombre sabio aprenden del lenguaje de la naturaleza. Por último, les comparto el dato de que reír y abrirse tienen un mismo origen etimológico, es decir, las flores se abren, pero también las flores se ríen. Y así el corazón cuando ríe es como una flor que se abre.
(apunte para un próximo texto)
Este es el pensamiento japonés que propongo en diálogo con el pensar indígena americano (mi corazón indio).
I was invited to Holland by my friend, the artist in residence Rita Ponce de León, and the Ekard artistic residence. We presented a talk with Rita at the RADIUS museum (in the city of Delft), a fascinating Museum of Art and Ecology built in what was once a water tower.
Although my trip to Holland was short, it was very significant since I lived in Leiden for three years as a primary school child. With Rita, we walked through the Meijendel dunes in Wassenaar and Leiden. When I arrived in Holland, I wondered what the ecopoetic meaning of this trip would be. In Meijendel, I realized something in my heart, so I took a fistful of sand and thanked the Dutch lands for the good memories from my childhood, memories of the countryside, the forest, the sea, the canals, and the flowers that made me happy and awakened in me a sense of nature’s beauty. With Rita, we went to my old condominium on Boerhavelaan Street, and we found the oak tree (zomereik) under which I used to play in the middle of the courtyard. Surprisingly, a swing is still under the leaves, meaning children are still visiting this tree. Under the zomereik, I said to Rita, isn’t our life short? With all its dramas, how is our life for a tree like this? For the oak, our life lasts a little longer than summer flies. And despite this, the tree offers itself generously and even feels admiration for our songs, just as we do for the song of the cicadas. Then I told the zomereik -dear oak, here I am back. I grew up and became a poet.
I remember Rita’s words during those days: “Recently, I have only seen comments from scientists who are very sad, angry, and worried about the climate crisis.” For some people, ecological concern makes them forget their love and gratitude for being part of the earth. With Rita, we discussed some ideas:
Anger and worry are anti-ecological.
There is nothing more ecological than gratitude and the feeling of fulfillment.
Ecology is not only a program, an objective, a goal, or a horizon, but the consequence of a way of life. What would it be like to think ecologically from the patterns woven by experience?
As my friend Pedro Favaron says, an indigenous ecopoetics is a way of life connected to the land and the sacred network of existence.
Patterns woven by connected lives reveal the shapes of the heart’s learnings. Asian and Indigenous peoples’ thoughts and arts nourish our ecopoetics.
During the presentation at RADIUS, we made a small offering, discussed our work in synchrony (between the plastic arts and poetry), and led an «ecopoetic exercise» of memory and gratitude with the attendees.
Finally, I thank Renee and Bob, our hosts at the Ekard residence, Sanne Luteijn and Niekolaas Johannes Lekkerkerk, who managed the presentation at Radius, and photographers Newsha Tavakolian and Maarten Nauw for the photographs of this encounter with the lands of Holland. Also, thank you to Claire van den Donk for translating my poem into Dutch.
Wat doet een dichter?
(¿Qué hace un poeta?/What does a poet do?)
Hij verklaart de hemel met zijn zang uit zijn bloed geboren in eeuwige beweging zijn bloed is het bloed van de rivieren de ideeën in zijn geest niet één valse schepping want hij is zelf de schepping het licht van de bladeren rakend
De sterren passen in de palm van zijn hand zoals hij past in de handpalm van zijn broer van zijn vriend, zijn metgezel, van zijn geliefde
Zijn woord is er om de moderne rook die zich vastklampt en in onze harten nestelt te verdrijven
Het lied van de dichter blaast en waait het stof op, troebleert de zeeën met roerende rust laat de keien lachen de vogels verfijnenhun lied, rivieren vloeien samen door hun zang als kinderen die van dezelfde vruchten eten
Met zijn poëzie weeft hij iets lumineus en schoons dat in een oogwenk wordt verspreid en de ochtenden van de wereld bedekt met een zonnedauw alle ochtenden van de nieuwe wereld
Hij deinst terug voor de schitterende fascinatie van zijn literaire vaders hij laat de mantel van fascinatie achter hangend aan een kapstok en gaat naakt, ongekleed met het lied van zijn haarstrengen
die onderweg vallen op zijn kussen op de badkamervloer op de aarde van de buurt op de bron waar hij zijn hoofd in onderdompelde zoals de universiteit waar hij zijn tijd bakkeleiend doorbracht met onnozelen dezelfde universiteit waar hij ’s middags de heldere spiegel van woorden bestudeerd (een helderheid diepzinnig maar ook verontrustend)
Hij verliest strengen haar terwijl hij leest wanneer hij zingt als hij halthoudt om te luisteren wanneer hij zijn broeders over het leven leert terwijl hij deze zintuigen verliest en zijn ogen en oren en zijn andere ogen die nog steeds ruimte voor trots bewaren en zijn nagels en zijn huid en zijn botten
Hij heeft de hunkering naar het creëren achtergelaten maar zijn ziel gaat voort, gezuiverd nu, tot in de eeuwigheid.
Dan wordt er nog een dichter geboren:
— … Waar de oude meester ooit woonde
staat nu een boom.
San José, Pucallpa, 2016. Ciudad de México, 2018. Tsukuba, 2020.
Vertaald door Claire van den Donk, ARTDOK Research & Translations
El poeta Yaxkin Melchy Ramos, de regreso en Leiden bajo el eikdoorn que lo recuerda. 12 de octubre de 2023. Foto de Rita Ponce de León.
Fui invitado a Holanda, por mi amiga la artista en residencia Rita Ponce de León y la residencia artística Ekard. Con Rita presentamos una plática en el museo RADIUS (en la ciudad de Delft), un fascinante museo de arte y ecología construido en lo que fue una torre de agua.
Aunque mi viaje a Holanda fue corto, fue muy significativo, pues yo viví tres años en Leiden cuando era un niño de primaria. Con Rita paseamos por las dunas de Meijendel, en Wassenar, y por Leiden. Cuando llegué a Holanda, me preguntaba cuál sería el sentido ecopoético de este viaje. En Meijendel me di cuenta de algo en mi corazón, tomé un puño de arena y le agradecí a las tierras holandesas por los buenos recuerdos de mi niñez, el campo, el bosque, el mar, los canales y las flores que hicieron felices mis días y despertaron en mí un sentido de la belleza de la naturaleza. Junto con Rita fuimos al antiguo condominio de la calle Boerhavelaan y encontramos, en medio del patio, el roble (zomereik) bajo el que solía jugar. Sorprendentemente todavía se encuentra un columpio debajo de su fronda, lo que significa que hay niños que visitan a este árbol. Bajo el zomereik le dije a Rita: ¿no es corta nuestra vida? Con todos sus dramas, ¿cómo es nuestra vida para un árbol como éste? Para el roble, nuestra vida dura un poco más que las mosquitas del verano. Y a pesar de ello, el árbol se ofrece generosamente y hasta siente admiración por nuestros cantos, tal como nosotros sentimos admiración por el canto de las cigarras. Luego le dije al zomereik — querido roble, aquí estoy de regreso, crecí y me volví poeta.
Recuerdo unas palabras que me compartió Rita hace unos días: “Recientemente sólo he visto comentarios de científicos muy tristes, enojados y preocupados por la crisis climática.” Para algunas personas, la preocupación ecológica les hace olvidar el amor y la gratitud por formar parte de la tierra. Con Rita conversamos algunas ideas:
El enojo y la preocupación son antiecológicos.
No hay nada más ecológico que el agradecimiento y el sentimiento de plenitud.
Lo ecológico no es un programa, un objetivo, una meta ni un horizonte, sino la consecuencia de una forma de vida.
¿Cómo sería pensar lo ecológico desde los patrones entretejidos por la experiencia?
Una forma de vida en relación con la tierra y la red sagrada de la existencia es, como dice mi amigo Pedro Favaron, una ecopoética indígena.
Los diseños entretejidos por las vidas que se conectan nos muestran las formas del aprendizaje con el corazón. Del pensamiento y las artes de Asia, y de los pueblos indígenas, se nutre nuestra ecopoética.
Durante la presentación en RADIUS hicimos una pequeña ofrenda, hablamos de nuestros trabajos en sincronía (entre las artes plásticas y la poesía) e hicimos un ejercicio ecopoético de memoria y agradecimiento con los asistentes.
Por último, agradezco a Renee y Bob, nuestros anfitriones de la residencia Ekard, a Sanne Luteijn y Niekolaas Johannes Lekkerkerk, que gestionaron la presentación en Radius, y a los fotógrafos Newsha Tavakolian y Maarten Nauw por crear un registro fotográfico de este encuentro con las tierras de Holanda. También a Claire van den Donk por la traducción de mi poema al holandés.